Es paradójico: hoy, el hombre reclama todas las libertades, y por ellas pelea. Sin embargo, en su vida, en su salud, sucede lo contrario y, a veces, parecería como si le gustara o necesitara esclavizarse.
Y aquí van unos ejemplos sencillos y cotidianos: nunca antes se habían vendido tantos tranquilizantes y ansiolíticos, antidepresivos, analgésicos, somníferos, antibióticos. Para dormir, para despertarse, porque no quiere soportar dolores, y que muchos son los dolores que se derivan del estrés...
Porque estornudó o porque cree tener una infección.
En esta larga lista, especialmente en los últimos años, se agrega un capítulo más: los laxantes. Y esto, por supuesto, tiene que ver con otra de las enfermedades del mundo moderno, es decir, el estreñimiento.
Lo sufren grandes y, aunque parezca extraño, también los chicos. La cuarta parte de las consultas pediátricas en los servicios de gastroenterología tienen que ver con la dificultad que los niños tienen de ir al baño.
Las causas son múltiples. Sin embargo, en la casi totalidad de los casos, tienen que ver con dietas mal diseñadas. Excesivas en algún componente, generalmente carbohidratos y grasas, escasas en fibras. Repletas de alimentos refinados, casi esterilizados y, en consecuencia, pobres en productos naturales, integrales y más saludables.
Otras causas del estreñimiento se relacionan con el afán que se ha apoderado del hombre moderno para que el tiempo le alcance. El mismo afán que lo obliga a acortar el tiempo que dedicaba (o dedica durante las vacaciones) a sus prácticas de aseo e higiene; que le impide permanecer en el baño el tiempo necesario; que muchas veces lo condena a esperar varias horas o hasta la noche para vaciar sus intestinos.
Y como es más fácil tomar un medicamento que disciplinarse, allí es donde comienza a acudir a los laxantes. Una solución temporal que, bien pronto, se convierte en hábito y, poco tiempo después, en esclavitud.
Es tan frecuente el uso de los laxantes que muy pocos se cuestionan sobre los riesgos que pueden acarrear. Y, por supuesto, tampoco se consulta con el especialista acerca de como tomarlos, si realmente son o no necesarios, si tienen efectos secundarios, si el que se ha escogido o comprado es el que más conviene.
En fin, la falta de información al respecto es casi total.
Saber qué es Antes de buscar soluciones inmediatas y pasajeras, es conveniente saber si se sufre o no de estreñimiento.
Una persona estreñida es aquella que va menos de tres veces al baño a la semana. O, si lo hace con mayor frecuencia, tiene deposiciones duras, dolorosas y difíciles.
Pero estreñimiento no es, como creen muchos, no ir al baño un día, ocasionalmente. No es tampoco la dificultad que llega cuando se viaja, que hay cambio de alimentación o de horarios, o que se inicia una dieta para adelgazar. Cada uno de estos casos producen dificultades para la evacuación pero no necesariamente significan estreñimiento como tal.
Otro detalle es anotado por los médicos: en términos generales, toda persona debería ir al baño una vez al día, y ojalá siempre a la misma hora (esto ayuda a disciplinar los intestinos). Sin embargo, cada cual tiene un ritmo distinto, de acuerdo con muchas variables. Hay personas que hacen deposiciones dos y tres veces al día sin que sea diarrea, mientras que otra lo hacen y siempre lo han hecho día de por medio, sin que tampoco se hable de que están estreñidas.
Es una enfermedad? No necesariamente. Sin embargo, es necesario consultar con un gastroenterólogo cuando cambian los hábitos intestinales. Antes de acudir a medicamentos recomendados por cualquier persona, es indispensable someterse a un examen. También problemas orgánicos, algunos medicamentos, el estrés, pueden ser causa de dificultades pasajeras.
El concepto del médico, además, ayuda a seleccionar el laxante adecuado, en caso de necesitarse. No se trata de precio, marca o publicidad. Los laxantes son todos distintos unos de otros tanto en sus componentes como en la forma en que actúan sobre los intestinos. Algunos, además, llegan a ser de gran riesgo porque, o bien contienen componentes potencialmente cancerígenos, o causan tanta irritación que llegan a producir sangrados y otras complicaciones.
En torno a los laxantes, existen muchos falsos conceptos. Entre los cuales: - Si son de venta libre son inocuos.
- No traen efectos secundarios.
- Todos son iguales.
- Los que son elaborados con productos naturales son mejores y son inofensivos.
- Los laxantes ayudan a adelgazar.
- No crean dependencia.
- Son saludables.
- Toda persona debe purgarse de vez en cuando para limpiar el organismo.
Sí perjudican Si usted comienza a tomar laxantes, muy pronto se verá obligado a hacerlo con cada vez mayor frecuencia. Y, a los pocos meses, deberá recurrir a otros laxantes hasta llegar, al cabo de los años, a no quedar satisfecho con ninguno.
Estas consecuencias no son, por supuesto, las únicas. Irritación, flatulencia, malestar y dolores estomacales son muy frecuentes cuando se toman laxantes.
Así mismo, el habituarse a laxantes lleva, entre otras complicaciones, la de fomentar la pereza del intestino y, a la larga, la de inutilizar el colon hasta el punto de convertirlo en un órgano obsoleto que debe ser extirpado por cirugía.
Automedicarse suele siempre traer consecuencias desagradables. Y, aunque no se crea, también con un producto tan aparentemente inofensivo, la improvisación se paga cara.
Aunque se advierte que todo laxante debe ser tomado por un período limitado, y ojalá bajo prescripción médica (a pesar de la etiqueta de venta libre).
Fuente: www.eltiempo.com